José Gambino Domínguez, hijo de Jacobo Gambino y María Domínguez, nace el catorce de mayo de 1719 en O Faramello, lugar perteneciente a la parroquia de Santa Marina de Ribasar (Rois, A Coruña), donde su padre, que era natural de Italia, en compañía de su compatriota Bartolomé Piombino se había asentado pocos años antes para fundar la primera fábrica de papel del reino de Galicia. Como ya señaló Couselo Bouzas, «la vida de nuestro artista, desde su nacimiento [...] hasta su florecimiento en la ciudad de Compostela nos es desconocida». De hecho, la primera noticia documental que tenemos del escultor, tras su partida bautismal de 1719, data del veintiocho de septiembre de 1741, momento en que aparece en la parroquia compostelana de San Juan Apóstol contrayendo matrimonio con María de Lens. Poco tiempo después, el siete de julio de 1742, reaparece de nuevo en dicha parroquia bautizando a su hija primogénita, Fermina Francisca, tras la cual todavía tendría otros siete hijos. El veinticinco de agosto de 1775, medio año después que su mujer, muere José Gambino, recibiendo sepultura en la misma parroquia de San Juan a la que tanto estuvo vinculado desde su establecimiento en Compostela.
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En cuanto a su producción, incluimos el catálogo de obras del escultor en los botones del margen izquierdo. Como se observará, lo hemos ampliado considerablemente, valiéndonos, para ello, de una rigurosa metodología. De hecho, la primera dificultad que nos encontramos al comenzar este estudio fue que la mayoría de las obras documentadas y/o atribuidas a Gambino pertenecían a sus años centrales (1756-1764), mientras que de su primera (1745-1755) y última etapa (1765-1775) apenas sí se tenía algún conocimiento. A ello se añadía el problema de que Gambino contrata estas últimas junto a su discípulo y yerno José Ferreiro, lo que se había traducido en una indistinta atribución de las mismas a uno u otro imaginero. Por nuestra parte, de acuerdo al camino iniciado por López Vázquez, hemos ahondado en la distinta caracterización expresiva del estilo Gambino y del estilo Ferreiro, lo que nos ha permitido distinguir entre aquellas piezas que responden mejor a las aportaciones que el maestro lleva a cabo en el taller y aquellas otras que, en cambio, remiten a las del discípulo, al tiempo que huir de un atribucionismo a ultranza. Referimos las conclusiones en el propio catálogo.

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