A través de estas páginas, hemos querido mostrar que, frente a la visión que hasta la fecha se tenía de José Gambino como un escultor formado en Portugal con José de Almeida, poseedor de un estilo unitario –el rococó- e incapaz de evolucionar, el maestro:

» Se forma en Galicia, en concreto se manifiesta biológicamente inserto en la tradición de la imaginería compostelana. Tiene como referentes a Mateo de Prado, sobre todo en la carga psicológica de sus figuras; a Miguel de Romay, especialmente en la estructura y vocabulario de sus paños; y a los escultores identificados como la primera y segunda mano de los retablos colaterales de San Martín Pinario (1742-1743), a quienes debe lo principal de su técnica.

» Su estilo se mueve dentro de lo que nosotros, a posteriori, consideramos diversos lenguajes como corresponde a la época en que vive. En concreto, Gambino transforma el lenguaje barroco en que se forma, primero, exacerbando el naturalismo hasta hallazgos que incluso recuerdan las aportaciones y soluciones a las que llegará el eclecticismo barroco del último tercio del siglo XIX y, luego, decantando e idealizando dicho naturalismo, lo que adquiere en los años centrales de su actividad (1756-1764) una formulación de gran interés y originalidad en la que se rastrea, a parte de un gusto rococó por la gracia y la elegancia, así como por la artificiosidad como elemento esencial a la maestría y al arte frente a la naturaleza, un indiscutible clasicismo; todavía, en sus últimos diez años de actividad (1765-1775), da un nuevo impulso a su producción a partir del mecanismo de estilizar sobre lo suyo que lo lleva a reprimir la gracia y elegancia rococós de antaño y, por el contrario, acentuar los recursos clasicistas.

» Se trata, por consiguiente, de un escultor plenamente capaz de evolucionar y, por lo tanto, de satisfacer, como corresponde a todo artista, las angustias y necesidades de su época.

José Gambino es, pues, uno de los mejores escultores con que ha contado la plástica gallega de todos los tiempos. Supo combinar el dominio de una magnífica técnica con la capacidad de una fructífera invención.